
Dr. Daniel Bron
La consulta relativista
En mi consulta ocurre un fenómeno extraño: a veces creo que se mueve a velocidades cercanas a la de la luz. Es solo mi consulta. O tal vez todo el CAP. Pero fuera no.
Soy médico de familia, aunque fuera del trabajo tengo la mala costumbre de mirar el mundo con otras lentes. Me gusta leer física, escribir alguna historia y buscar, en escenas cotidianas, pequeñas anomalías que merezcan ser contadas.
He observado que cuando los pacientes cruzan la puerta, aumentan de masa y disminuyen en longitud. Sí, sí. En mi consulta se manifiestan los efectos relativistas. Hubiera sido un buen laboratorio para Einstein.
Sé que suena raro, pero lo tengo comprobado experimentalmente: siempre que pregunto cuánto pesan o miden y lo comparo con la báscula, pesan cinco kilos más y miden cinco centímetros menos.
No es algo ocasional. No. Es una constante universal, como la gravedad o la tendencia a dejar para mañana la dieta que habían prometido empezar el lunes pasado.
—Unos setenta y siete kilos —dice él muy tranquilo hasta que lo subo a ese maldito aparato que aún no sé si es una báscula o un detector de mentiras. Los rigurosos 82 que marca son siempre culpa de los zapatos.
—Mido uno sesenta y siete —dice ella con convicción hasta que el tallímetro, la otra máquina de la verdad, muestra 1,65 m subida a sus zuecos de plataforma.
—Quitemos 3 cm de suela —propongo.
—¡Buenooo, tanto no! —replica raudamente.
En este caso, los zapatos son exonerados.
Yo asiento. En medicina hay muchas cosas que uno aprende a no discutir: la opinión política del paciente, su percepción del dolor y, por supuesto, su relación con el espejo.
La edad. Ese es otro de los efectos de la relatividad: el paso del tiempo. En mi consulta no pasa igual para todos.
El médico no está para juzgar si estás viejo. Se supone que si pregunta la edad es para hacer un perfil epidemiológico, para afinar un diagnóstico, para elegir el tratamiento adecuado.
Pero ahí están las que sonríen y devuelven la pregunta, generalmente señoras bastante mayores:
—¿Cuántos me echas?
Y ahí es donde una anamnesis se convierte en un concurso de preguntas y respuestas.
Después está el tabaco. Viene el señor con una bronquitis de caballo desde hace tres días.
—¿Fuma?
—No.
Esa nunca falla. Siempre dicen que no. Entonces uno reformula la pregunta:
—¿Fumaba?
—Sí, pero ya no.
Aquí empieza lo bueno.
—¿Desde cuándo no fuma?
—Desde que estoy así.
Hombre... entonces sí que fuma. No está fumando hoy. Pero fumar, fuma.
Si hablamos de actividad física. Ahí sí que no hay duda. Todos somos grandes deportistas: “Si en casa no paro y en el trabajo tampoco”.
Después están los que te discuten el diagnóstico: “Bueno, diabético no soy, tengo el azúcar un poco descompensada”. Vale, ¿y la pastilla para que es? “Para regularla”. Siempre es para regular, nunca para tratar.
O los que no toman ningún medicamento cuando les preguntas. Pero abres la historia clínica y ves una lista más larga que la del supermercado. “Ah, no, pero no es un medicamento, es para la tiroides. Y la otra es para bajar la tensión. Y el ibuprofeno, para las migrañas”.
Tanto en la vida como en la consulta del médico hay que ser positivos.
Y ya no hablemos de cuando pides que enumeren la medicación. Todo médico que se precie tiene un vademecum organizado por colores, tamaños y formas, para buscar “la roja, pequeña y redondita”.
Y luego está esa que convenientemente olvidan mencionar: la romboidal azul. Una pena, porque justo esa me la sé sin consultar el vademécum de formas y colores.
Con el tiempo he llegado a una conclusión: el consultorio es un espacio de negociación. Donde el cuerpo y los hábitos son una versión editada de la realidad. Como Instagram.
Tanto en la vida como en la consulta del médico hay que ser positivos. Cinco kilos arriba o cinco centímetros abajo no son mentirijillas, sino actos de optimismo. Al final, como sostenía Einstein, la realidad depende del observador.
Las opiniones, creencias, o puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan los de Boehringer Ingelheim España, S.A
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