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Dr. Franco Ballarin

Dr. Franco Ballarin

La paradoja de la salud: lo que se ve y lo que realmente importa

El paso de la práctica hospitalaria —donde la agudeza del monitor y los resultados inmediatos dictan cada movimiento— a la serenidad (aparente) de la medicina ambulatoria en Barcelona me ha obligado a repensar nuestra relación, como sociedad, con el concepto de 'salud'.

La consulta ambulatoria es un territorio apasionante donde debemos convivir con la incertidumbre y tomar decisiones con datos limitados. Los pacientes llegan con síntomas ambiguos: un dolor de pecho atípico, palpitaciones intermitentes. En estas situaciones, la frontera clínica entre quien puede esperar semanas por un estudio y quien debe ser derivado a urgencias de inmediato es permanentemente difusa y exige un juicio clínico fino.

A su vez este trabajo, nos permite crear vínculos trascendentales con nuestros pacientes, ser testigos de su vida e intentar ayudar desde nuestro lugar. En este contexto, la consulta ambulatoria nos convierte en observadores privilegiados de los fenómenos sociales que influyen en la salud de la población.


 

La paradoja de la inversión en salud

Esto me lleva a observar una tendencia social desconcertante: la prioridad absoluta por la estética y el alivio inmediato frente al cuidado de los pilares que realmente sostienen la vida. Vivimos en una cultura que prioriza el 'parecer' sano, invirtiendo sin dudar en procedimientos estéticos, o silencia el malestar emocional con la naturalidad asombrosa de aceptar un psicofármaco.

Poder entender que la salud real y su bienestar pasa por cosas invisibles


Sin embargo, esa misma disposición desaparece ante la prevención primaria basada en la evidencia. Existe una resistencia férrea a hacer cambios estructurales del estilo de vida: mejorar rutinas de alimentación, hacer ejercicio, disminuir el tiempo en las pantallas, descansar mejor.


La aceptación al tratamiento farmacológico desaparece instantáneamente cuando la indicación es iniciar un tratamiento fundamental, como las estatinas en prevención primaria. El alto riesgo cardiovascular no es tan “visible” para nuestros pacientes, aún a pesar de un score de calcio coronario elevado o doppler vasculares que afirman lo contrario.

Como médicos, nuestro desafío es fomentar que nuestros pacientes esten tan orgullosos de su nivel de LDL, de su capacidad aeróbica y la calidad de su sueño nocturno como de su aspecto físico. Poder entender que la salud real y su bienestar pasa por cosas invisibles: la abstinencia tabáquica, el ejercicio, el descanso reparador y el control de los factores de riesgo.


 

La Tecnología más Poderosa: La Relación Médico-Paciente

Las pruebas complementarias nos permitirán confirmar o descartar la patología orgánica grave. Sin embargo, independientemente del resultado, nuestra labor se encuentra en acompañar y aconsejar.

La tecnología más avanzada de la que disponemos para generar cambios reales es la relación médico-paciente. Nuestro papel es insistir en el cambio de hábitos con la misma convicción con la que prescribimos un fármaco, reservando la medicación para cuando el estilo de vida no es suficiente. Es en este vínculo de confianza donde logramos que el paciente pase de la preocupación por la apariencia al compromiso genuino con su bienestar futuro.


 

Un horizonte de salud real

Gestionar la incertidumbre del paciente ambulatorio no es una carga, sino la oportunidad fundamental para reeducar el deseo de salud. Tenemos en nuestras manos el espacio preventivo por excelencia: el punto donde podemos evitar que el paciente llegue algún día a esa internación que, como médicos, conocemos demasiado bien.

 


 

Las opiniones, creencias, o puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan los de Boehringer Ingelheim España, S.A

 

DOC.6030.072026

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