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Dra. Lara Sanchis

Dra. Lara Sanchis

El estetoscopio frente al cronómetro: Reflexiones de una médica de familia en la era de la inmediatez

Hace poco, mientras intentaba descifrar un electrocardiograma complejo con el sonido de fondo de una puerta que se abría "solo para una receta", me di cuenta de que mi pulso era más rápido que el del paciente que tenía enfrente. Soy médico de Familia, un oficio que amo, pero que en los últimos años se ha convertido en un ejercicio constante de equilibrismo entre la excelencia clínica y la supervivencia emocional.

La gestión del estrés en la Atención Primaria (AP) no es solo una cuestión de "resiliencia personal" —esa palabra tan de moda que a veces parece una invitación a aguantar lo inaguantable—. Es, sobre todo, una cuestión de gestión de la demanda.


 

La consulta: Un ecosistema bajo presión

Cada mañana, al encender el ordenador, me enfrento a una agenda que desafía las leyes de la física. Cuarenta, cincuenta, a veces sesenta pacientes en una jornada. Si dividimos el tiempo, disponemos de apenas unos minutos por persona. En ese breve lapso, debemos:
 

  • Realizar una escucha activa.
     
  • Explorar físicamente.
     
  • Revisar el historial y la medicación.
     
  • Gestionar la burocracia (bajas, derivaciones, informes).
     
  • Y, lo más importante, conectar humanamente.
     

El estrés surge cuando la demanda infinita choca contra el recurso finito que es el tiempo. Como médicos, cargamos con el miedo al error —ese "se me pasará algo importante"— multiplicado por la fatiga de decisión que aparece tras el trigésimo paciente.


 

Estrategias de supervivencia desde la trinchera

A lo largo de los años, he tenido que desarrollar mis propios "mecanismos de defensa" para que el estrés no se convierta en burnout. Aquí comparto algunas de las estrategias que, si bien no solucionan el sistema, ayudan a proteger la salud mental del profesional:

 

1. El "minuto de oro" y el encuadre

Al recibir al paciente, trato de dedicar los primeros 60 segundos a una escucha total, sin teclear. Es una inversión de tiempo, no un gasto. Permite que el paciente suelte su carga principal y establece una alianza terapéutica. Al finalizar ese minuto, aplico el encuadre: "Hoy vamos a centrarnos en su dolor de espalda; para el resto de temas, si le parece, programamos una nueva cita para dedicarle el tiempo que merece". Poner límites con asertividad y empatía es vital.

 

2. La micro-pausa consciente

Entre pacientes, cuando la saturación aprieta, practico lo que llamo el "reseteo del ratón". Son apenas 10 segundos de respiración profunda lejos de la pantalla. Parece insignificante, pero rompe la inercia del caos y evita que el malestar del paciente anterior se traslade al siguiente.

 

3. Triaje y educación sanitaria

No todo lo que llega a la consulta es médico. Gran parte de nuestra demanda es social o burocrática. Aquí, la labor de educación es fundamental. Explicar a la población qué es un proceso autolimitado (como un resfriado común) y cuándo es realmente necesaria una consulta, ayuda a reducir la presión a largo plazo.


 

La paradoja de la eficiencia

A menudo se nos pide ser más eficientes, pero en medicina de familia, lo eficiente suele ser lo ineficiente. Una conversación de diez minutos sobre el duelo de una viuda puede evitar diez visitas futuras por somatizaciones, ansiedad o insomnio. El estrés crónico del médico nace de la frustración de querer hacer "medicina de la buena" y verse obligado a hacer "medicina de trámite".

 

"El verdadero riesgo no es el volumen de pacientes, sino la pérdida de significado de nuestro trabajo bajo el peso de la burocracia."


 

Hacia una solución estructural

No podemos gestionar el estrés individualmente si el entorno es patógeno. La solución no pasa por más cursos de Mindfulness para médicos, sino por:
 

Agendas racionales: Límites reales que permitan una atención de calidad.
 

Desburocratización: Que el médico sea médico, no un administrativo cualificado.
 

Reconocimiento de la complejidad: No es lo mismo una renovación de receta que un paciente crónico complejo con polifarmacia.
 

Necesitamos también que las organizaciones sanitarias comprendan que el bienestar del profesional no es un tema de recursos humanos secundario. Es calidad asistencial. Un médico quemado comete más errores, empatiza menos, se ausenta más. Invertir en su salud mental y emocional es invertir en la seguridad del paciente.

Y hay algo que no debería subestimarse: el valor de hablar con compañeros. No para quejarse en bucle —eso puede amplificar el malestar—, sino para nombrarlo, compararlo y relativizarlo. Saber que no soy la única que sale agotada de ciertos días tiene un efecto regulador real. La comunidad profesional, cuando existe de verdad, es un recurso terapéutico en sí mismo.


 

Una profesión sostenible

Elegí la medicina general porque quería estar cerca de las personas, de sus historias, de su vida cotidiana. Quería ser la médica que conoce a la familia, que acompaña en el tiempo. Ese proyecto sigue siendo hermoso y sigue mereciendo la pena. Pero para sostenerlo en el tiempo, tengo que poder sostenerme yo.

Gestionar el estrés no es rendirse al sistema ni asumir que las condiciones de trabajo son aceptables cuando no lo son. La reivindicación política y laboral de mejores condiciones sigue siendo necesaria e irrenunciable. Pero mientras esas condiciones llegan —y ojalá lleguen—, cada una de nosotras necesita herramientas para no romperse por el camino.

Cada una de nosotras necesita herramientas para no romperse por el camino



La médica que cuida de sí misma no es egoísta. Es la médica que puede seguir cuidando. Y eso, al final, es lo que está en juego.

La Atención Primaria es el corazón del sistema sanitario. Si el corazón sufre una taquicardia constante por el estrés, el cuerpo entero acaba fallando.
 

Gestionar la demanda no es solo poner parches; es entender que para cuidar la salud de nuestros pacientes, primero debemos proteger la salud mental de quienes los reciben en la puerta de entrada.

Al final del día, cuando cierro la puerta de la consulta, aspiro a no llevarme a casa el peso de lo no hecho, sino la satisfacción de los vínculos creados.

Porque, a pesar del ruido y la prisa, el encuentro entre dos personas sigue siendo el fármaco más potente que tenemos.

 


 

Las opiniones, creencias, o puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan los de Boehringer Ingelheim España, S.A

 

DOC.6031.072026

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