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Opinión

Dr Fernando Jaén Águila

Dr. Fernando Jaén Águila

Médico Especialista en Medicina Interna. Unidad de Riesgo Vascular HUVN, Granada.

Las entrañas del oficio de ser médico

Ejercer la medicina implica habitar un territorio fronterizo, aquel en el que el conocimiento científico se encuentra con la experiencia irreductible del sufrimiento humano. En ese espacio, no siempre plenamente nombrado por los lenguajes técnicos, se despliega una forma de razón que no se limita a explicar, sino que busca comprender. A partir del pensamiento de María Zambrano (1904–1991) y Simone Weil (1909–1943) —cuyas trayectorias vitales e intelectuales se cruzan en uno de los momentos más convulsos del siglo XX— puede trazarse un marco desde el cual pensar esa dimensión menos visible del oficio médico. Las nociones de Zambrano del destierro, aurora, razón poética y lo divino, junto con las de Weill de atención y decreación, permiten aproximarse a la formación clínica como un proceso que no solo acumula saberes, sino que transforma la mirada y redefine la relación con el otro.

 

I. Destierro.

El inicio de la formación especializada suele estar marcado por la tensión entre un saber teórico consolidado y una experiencia clínica todavía incipiente. El hospital, en su dinámica propia, recibe al médico en formación mediante un proceso de desposesión progresiva de certezas previas. En términos zambranianos, podría hablarse de una forma de destierro: un tránsito “entre escombros”, en el que el sujeto se desarraiga de sus seguridades iniciales. Las primeras guardias encarnan este proceso, en el que la incertidumbre y la responsabilidad emergente configuran un espacio de aprendizaje radical.

 

II. Aurora

De manera gradual, sin rupturas abruptas, surge una primera claridad. La experiencia clínica comienza a organizarse en estructuras comprensibles. La anamnesis adquiere coherencia, y la relación con el paciente deja de ser meramente técnica para incorporar una dimensión interpretativa. Esta “aurora”, en sentido zambraniano, no constituye un momento puntual, sino un proceso continuo de iluminación sutil y gradual. Cada avance en la comprensión clínica engendra el siguiente, en una secuencia que no se agota y que define el aprendizaje médico como una experiencia acumulativa y abierta.

 

III. La razón que se hace entraña.

La Medicina Interna, en particular, se caracteriza por una aproximación global al paciente, especialmente en aquellos contextos donde la fragmentación asistencial dificulta una visión integradora. En este marco, la práctica clínica puede entenderse como una mediación entre extremos: entre la vida y su extinción, entre la objetivación científica y la experiencia subjetiva del padecimiento. Simone Weil definió la atención como “la forma más rara y pura de generosidad”, subrayando su carácter ético y cognitivo a la vez. En la práctica médica, esta atención sostenida y consciente sobre la persona enferma, constituye una disciplina que trasciende la mera aplicación de conocimientos. La competencia técnica, necesaria e irrenunciable, adquiere su pleno sentido cuando se integra en una forma de relación que reconoce la vulnerabilidad del otro.

 

IV. Lo divino

En la experiencia asistencial, especialmente en situaciones límite, irrumpe con frecuencia una dimensión difícilmente reducible a categorías estrictamente técnicas. Zambrano alude a lo divino como aquello que emerge en la experiencia humana sin ser plenamente racionalizable. En el ámbito clínico, esta dimensión puede reconocerse en momentos de especial densidad existencial: la despedida, el silencio compartido, la confianza depositada por el paciente en nuestras manos. Simone Weil tradujo este fenómeno en términos de decreación: un descentramiento del yo que permite acoger la realidad del otro sin imponerle una interpretación previa. Esta actitud, que incluye la capacidad de sostener el silencio, forma parte de un saber clínico tácito que raramente se explicita en los programas formativos, pero que resulta esencial en la práctica cotidiana.

 

V. Esperanza.

La culminación del proceso formativo no se reduce a la adquisición de competencias evaluables, sino que implica la incorporación de una determinada forma de estar en la práctica médica. La esperanza, en términos zambranianos, no se identifica con el optimismo respecto a los resultados, sino con la atribución de sentido a la experiencia, independientemente de su desenlace. En este contexto, la formación médica puede entenderse como un proceso que articula conocimiento, responsabilidad y significado, en el que la capacidad de asombro y la memoria de la incertidumbre inicial desempeñan un papel fundacional.

En definitiva, la práctica médica, y de manera particular la Medicina Interna, requiere una integración entre saber técnico y comprensión profunda de la experiencia humana del sufrimiento. Las categorías propuestas por Zambrano y Weil permiten iluminar aspectos fundamentales de este proceso, ofreciendo un lenguaje para pensar una dimensión del oficio que, aunque constantemente ejercida, permanece con frecuencia implícita.

 

23 de julio de 2026

 


 

Las opiniones, creencias, o puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan los de Boehringer Ingelheim España, S.A

 

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